martes, 26 de febrero de 2013
PRÓLOGO.
La luz del sol que se filtraba por las cortinas de mi habitación transmitía calor y los trinos de los pequeños pajarillos invitaban a levantarse.
A través del gran ventanal que se encontraba en mi habitación se podía distinguir a una familia que paseaba a lo largo del sendero del parque. Los pequeños,llenos de vitalidad,corrían de aquí para allá imitando a esos personajes ficticios que por aquel entonces eran sus héroes. Sus ojos destilaban esperanza,imaginando cómo en un par de años podrían llegar a ser tan poderosos y fuertes como ellos. Soñando con un mundo en el que ellos salvarían a las personas del mal,del que(aunque ellos lo ignorasen) era imposible escapar.
Unos pasos por detrás una pareja,de unos cuarenta años de edad,paseaba cogida de la mano.
Los ojos de él,de color avellana,miraban con dulzura a los de su mujer y sus rizos ensortijados se movían con delicadeza a causa de la brisa.
Los ojos de la madre eran de un color azul intenso y reflejaban amor por su marido. Tras unos segundos caminando,se besaron dulcemente en los labios. Fue un beso corto,pero intenso. De ésos que no necesitan palabras para expresar lo que significan.
Yo anhelaba ese amor que despedían aquellos dos enamorados. Pero lo que,sin duda,más anhelaba era a él. A sus ojos negros como el azabache,su melena castaña y su encantadora sonrisa que me había enamorado desde el primer día. Sin poder evitarlo pensaba en el cada día,cada segundo,cada instante. Seguía queriéndole y ese sentimiento era imposible de ignorar.
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La verdad es que me está gustando mucho tu blog y cada día me anima un poco más que,si Leila puede sobrevivir al amor yo también.
ResponderEliminarMuchísimas gracias y un abrazo.
Las gracias tengo que dártelas yo a ti por leer mi blog y comentar en él.
EliminarEspero que sigas opinando,un beso.